Dejó familia, trabajo y ciudad para vivir en una aldea casi vacía con 12 gatos y 4 perros: «Todo empezó por y para ellos»
Jone tiene 32 años, compró una casa semiabandonada en las montañas de Burgos y hoy pasea por el bosque seguida en fila por sus animales rescatados. La casa le dio un susto enorme, pero no se arrepiente.
Imagen de archivo: gatitos rescatados (no son los gatos de Jone).
Cada tarde, Jone De La Calle sube al punto más alto de la montaña. No va sola: detrás de ella caminan en fila doce gatos y cuatro perros, cada uno en su lugar, como una pequeña procesión. Allí arriba se sienta, mira el valle y piensa en su proyecto de vida.
Su historia, contada por Infobae a partir de una entrevista en un canal de YouTube dedicado a la España rural, se volvió viral porque tiene algo que muchos sueñan y pocos se animan a hacer: dejarlo todo para empezar de cero.
Una aldea de 600 vecinos donde hoy quedan cuatro
Jone, una joven vasca de 32 años, trabajó como auxiliar de veterinaria y luego fundó Miauca, un servicio de cuidado de gatos a domicilio. Desde los 13 años rescata animales y, según Infobae, ya dio en adopción a 86 gatos. Los doce que viven con ella se quedaron por historias especiales, como Arima, una gata rescatada embarazada que parió en su casa.
Buscó casa en el País Vasco, pero los precios la expulsaron. Terminó encontrando una aldea en las montañas de Burgos que alguna vez tuvo más de 600 habitantes y hoy tiene solo cuatro, todos jubilados. No hay iglesia, ni bar, ni tiendas, y el supermercado más cercano está a 45 minutos en auto.
La casa, a la que llama La Cabaña, estaba cubierta de enredaderas. Pedían 85.000 euros; Jone regateó por primera vez en su vida y la compró por 70.000. Firmó el 28 de abril de 2026.
El susto: una casa que casi se le viene abajo
La alegría duró poco. Al mudarse descubrió que las vigas de madera estaban devoradas por insectos y casi se cae del primer piso a la planta baja. Tuvo que romper tabiques y ahora vive toda su vida en la planta baja: cocina, sala y dormitorio en un mismo espacio. «Lo único que quieres es pintar y poner cuadros, todo bonito. Y te encuentras con un percal…», contó riendo. Lo que más le dolió, dice, es que el dueño anterior conocía el problema y no se lo dijo.
Su familia y sus amigos le insistían en los riesgos. «Eran sus miedos, no los míos. Y sus miedos los hicieron míos», explicó. Fue una amiga la que le dio el empujón final: si era lo que había buscado toda su vida, no tenía que pensarlo más.
Silbidos, paseos y vecinos felices
Jone creó un sistema de silbidos distintos para comunicarse con sus gatos en los paseos: para avisar de un peligro, para llamarlos de vuelta, para marcar el ritmo. Conoce a cada uno y sabe quién puede salir al bosque y quién debe quedarse cerca de casa.
El vecino más cercano tardó meses en creer que de verdad vivía sola allí; ahora le lleva tomates y calabacines. Los tres vecinos jubilados están «supercontentos» de que alguien joven haya llegado a la aldea.
Mientras arregla la casa, Jone planea relanzar su negocio y, algún día, montar allí un refugio y hotel para gatos. Su confesión más íntima resume todo: «A mí esta vida me gusta, pero todo empezó por y para ellos». Y en el camino, dice, se encontró a sí misma.
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Fuentes
- Infobae: dejó familia, trabajo y amigos para vivir en una aldea de montaña abandonada con sus 4 perros y 12 gatos
- Instagram de Jone De La Calle: El Rancho de los Gatos
Jennifer C. / Wikimedia Commons (CC BY 2.0) · source
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