Perú guardó 71 semillas en la “bóveda del fin del mundo”, a 18 grados bajo cero en el Ártico: por qué lo hizo
Quinua, kiwicha, ají y tomate peruanos ya están dentro de una montaña en Svalbard, Noruega. Son una copia de seguridad por si algún día una catástrofe destruye los bancos de semillas del país.
Entrada de la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (Noruega). Imagen de archivo: Cierra Martin for Crop Trust / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0).
En medio del Ártico, dentro de una montaña cubierta de nieve, hay un lugar pensado para el peor de los escenarios. Se llama Bóveda Global de Semillas de Svalbard, aunque muchos la conocen como la «bóveda del fin del mundo». Y desde ahora guarda un pedacito más del Perú.
El país depositó 71 cultivares agrícolas en esa instalación del archipiélago noruego de Svalbard, informó Infobae este 19 de octubre. El envío incluye variedades de kiwicha, quinua, ají y tomate.
Qué mandó el Perú
Según Infobae, el lote está formado por 46 cultivares de kiwicha, 20 de quinua, cuatro de ají y uno de tomate. Proceden de los bancos de germoplasma del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) en Puno, Cajamarca y Huaral, y fueron seleccionados por la Dirección de Recursos Genéticos y Biotecnología del INIA por su valor genético y nutricional y su potencial para estudios de mejoramiento.
Entre los criterios de selección se incluyeron características que podrían ser útiles frente a plagas, enfermedades y condiciones climáticas adversas. Fue el primer envío del INIA en 2026. Con él, el país suma 96 cultivares en Svalbard, después de haber enviado 25 muestras de ajíes nativos en octubre de 2025.
La kiwicha, también conocida como amaranto, y la quinua son cultivos andinos con miles de años de historia, base de la alimentación de muchas familias de la sierra.
Cómo es la «bóveda del fin del mundo»
La bóveda empezó a funcionar en 2008 como reserva de seguridad para bancos de semillas de todo el mundo. Está excavada dentro de una montaña, a más de 130 metros de profundidad, y las semillas se conservan a unos 18 grados bajo cero para que duren el mayor tiempo posible, explicó Infobae.
La idea es sencilla: si un banco nacional pierde sus semillas por una guerra, un desastre natural, una falla técnica o una plaga, puede recuperar la copia guardada en el Ártico. El sitio oficial de la bóveda la describe como un respaldo de las colecciones que los países ya conservan en casa.
Las semillas siguen siendo peruanas
Un detalle importante: el envío no reemplaza a las semillas que conserva el INIA en Perú, y la propiedad no pasa a Noruega. Las cajas permanecen selladas y solo la institución que las depositó puede pedir su devolución, según Infobae. La bóveda no vende semillas ni crea nuevas variedades.
Según Infobae, estos recursos genéticos pueden servir de base para investigaciones sobre adaptación al ambiente, rendimiento de los cultivos y respuesta ante problemas sanitarios. En otras palabras: una variedad de quinua que hoy parece poco importante podría ser clave mañana si aparece una plaga nueva o cambia el clima.
La bóveda recibe depósitos de instituciones de todo el mundo. En junio de 2026 superó 1,4 millones de muestras de semillas resguardadas, según su sitio oficial.
El depósito forma parte de un acuerdo de cooperación entre el INIA y el Ministerio de Agricultura y Alimentación de Noruega para preservar especies de interés alimentario y científico.
En tiempos de fenómenos climáticos cada vez más extremos, como el Niño que hoy preocupa a la costa peruana, guardar una copia de las semillas de siempre es, literalmente, un seguro para el futuro de la comida.
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Fuentes
- Infobae: ¿Por qué Perú envió 71 semillas al “arca del fin del mundo”?
- Svalbard Global Seed Vault (sitio oficial)
Cierra Martin for Crop Trust / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0) · source
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