Cómo limpiar el microondas y la nevera sin productos agresivos (y a qué temperatura debe estar)
El truco del vapor con limón, el bicarbonato contra los olores y los dos números que todo refrigerador debería cumplir para que la comida dure más y sea segura.
El microondas con manchas de salsa pegadas en el techo y la nevera con ese olor que no sabes de dónde viene son dos clásicos de cualquier cocina. Limpiarlos no tiene por qué ser una tortura ni requiere productos fuertes. Con agua, jabón, limón, vinagre y bicarbonato se resuelve la mayoría de los casos. Aquí tienes una guía práctica, con un par de datos de seguridad alimentaria que conviene conocer.
El microondas: deja que el vapor trabaje
El método más sencillo aprovecha el vapor para ablandar la suciedad:
- Pon en un recipiente apto para microondas una taza de agua con el jugo de medio limón y las cáscaras, o con una o dos cucharadas de vinagre blanco.
- Calienta a máxima potencia unos tres a cinco minutos, hasta que el agua hierva y el interior se llene de vapor.
- No abras la puerta enseguida: deja reposar dos o tres minutos para que el vapor actúe sobre las manchas.
- Saca el recipiente con cuidado, porque estará muy caliente, y pasa un paño o una esponja húmeda por las paredes, el techo y la puerta. La grasa saldrá con mucha más facilidad.
- Retira el plato giratorio y lávalo en el fregadero con agua tibia y jabón.
Dos precauciones importantes: nunca hagas funcionar el microondas vacío, porque puede dañarse, y vigila que el agua no se sobrecaliente. Para evitarlo, se recomienda poner dentro del recipiente un utensilio apto para microondas, como un palillo de madera, que facilita que se formen burbujas.
Para que no vuelva a ensuciarse tanto, cubre los platos con una tapa especial para microondas o con papel de cocina, y limpia las salpicaduras cuando todavía están frescas.
La nevera: limpieza a fondo en seis pasos
- Vacíala por partes. Saca los alimentos y aprovecha para revisar fechas y tirar lo que esté en mal estado. Mantén lo perecedero en una nevera portátil o en una bolsa térmica mientras limpias.
- Retira estantes y cajones y lávalos con agua tibia y lavavajillas. Si están muy fríos, déjalos templar antes para evitar que el vidrio se rompa por el cambio de temperatura.
- Limpia el interior con una solución de agua tibia y bicarbonato de sodio, más o menos una cucharada por litro. Limpia sin dañar las superficies y ayuda a eliminar olores.
- No olvides las gomas de la puerta. En los pliegues se acumulan restos y moho. Un cepillo de dientes viejo es perfecto para llegar a las esquinas.
- Seca todo bien antes de volver a montar estantes y guardar la comida.
- Ordena con lógica: lo que se debe consumir antes, delante; la carne y el pescado crudos, en la parte más baja y en recipientes cerrados, para que no goteen sobre otros alimentos.
Adiós a los malos olores
Una caja o un recipiente abierto con bicarbonato de sodio dentro de la nevera ayuda a absorber olores; se recomienda cambiarlo cada pocos meses. También pueden servir el carbón activado o un plato con café molido seco. Pero ninguno de estos trucos sustituye a la limpieza: si hay olor persistente, casi siempre hay algún alimento en mal estado o un líquido derramado en algún rincón.
Si un corte de luz largo ha estropeado alimentos, la limpieza debe ser más profunda. Organismos como el Departamento de Agricultura de Estados Unidos recomiendan, tras retirar todo y limpiar con agua y jabón, desinfectar con una solución muy diluida de lejía (una cucharada de lejía líquida por unos cuatro litros de agua), aclarar y secar. Nunca mezcles lejía con vinagre, amoníaco u otros productos de limpieza, porque se pueden liberar gases tóxicos.
Los dos números clave
La temperatura importa tanto como la limpieza. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) recomienda mantener el refrigerador a 4 °C (40 °F) o menos, y el congelador a −18 °C (0 °F). Por encima de 4 °C, muchas bacterias se multiplican más rápido. Un termómetro de nevera barato permite comprobarlo, porque el número del selector no siempre corresponde a la temperatura real.
Para que el frío funcione bien, no llenes la nevera hasta el tope: el aire necesita circular. Y no guardes comida todavía muy caliente en grandes cantidades; es mejor repartirla en recipientes pequeños para que se enfríe antes.
Un extra que ahorra energía
Las bobinas del condensador, que suelen estar detrás o debajo de la nevera, acumulan polvo y pelo de mascotas. Si están muy sucias, el aparato tiene que trabajar más para enfriar. Desenchufa la nevera y límpialas con un cepillo o con la aspiradora una o dos veces al año. Revisa también que la goma de la puerta cierre bien: si una hoja de papel se desliza fácilmente con la puerta cerrada, puede que se esté escapando el frío.
Cada cuánto
Limpia las salpicaduras del microondas en el momento, y haz la limpieza con vapor una vez por semana si lo usas a diario. En la nevera, repasa lo que está por caducar cada semana y haz una limpieza a fondo cada tres o cuatro meses, o antes si hay un derrame. Tu comida durará más y tu cocina olerá mejor.
Tomwsulcer / Wikimedia Commons (CC0) · source
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