Martín, el gallo que lleva ocho años esperando frente a un hospital oncológico tras la muerte de su dueño
Llegó al Instituto Oncológico del Oriente Boliviano junto a un paciente que murió de cáncer. Desde entonces no se ha ido: duerme en un árbol, baja a las 6 de la mañana y vecinos y trabajadores lo cuidan. Lo llaman el “Hachiko boliviano”.
Un gallo en libertad (no corresponde a Martín). Foto de referencia: Frank Schulenburg / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).
A las 6 de la mañana, Martín baja de un árbol y vuelve a la puerta del hospital. Allí pasa las horas, entre pacientes, familiares, ambulancias y vendedores que ya lo conocen. Martín es un gallo, y lleva unos ocho años en los alrededores del Instituto Oncológico del Oriente Boliviano, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.
Su historia no es nueva para los vecinos, pero en octubre nuevas fotografías de la agencia Reuters la hicieron recorrer el mundo otra vez.
Llegó con un paciente que no volvió
Según relató Infobae, todo comenzó cuando Martín llegó al centro médico junto a un paciente que debía recibir tratamiento oncológico. El paciente murió y el gallo se quedó afuera, ya que el hospital no permite animales en sus instalaciones.
“El paciente murió y Martín está aquí hace ocho años”, explicó a Reuters la trabajadora social Rosmery Guardia. En mayo de este año, el canal boliviano Red Uno recogió testimonios de trabajadores que situaron su llegada antes de la pandemia. Una empleada recordó que Martín se quedó afuera “como cuando uno espera a su familiar”.
Nadie puede saber si el gallo entiende la ausencia. Pero sigue allí. En redes sociales muchos empezaron a llamarlo el “Hachiko boliviano”, en referencia al famoso perro akita que esperó durante casi una década a su dueño en la estación de Shibuya, en Tokio.
Una familia de vecinos que lo cuida
La supervivencia de Martín no depende de una sola persona. Trabajadores del hospital, visitantes, comerciantes y vecinos le acercan comida y agua. Entre ellos está Juan Claros, quien le da de comer y le corta las uñas cuando crecen demasiado.
“Le corto las uñas porque, si no, no puede caminar”, contó Claros. Martín se acerca por la tarde a pedir comida; su favorito es el maní, aunque otros vecinos mencionan la pipoca, como llaman en Bolivia a las palomitas de maíz.
Para la familia Claros es “el gallo del Oncológico”. Ricardo, hijo de Juan, aseguró que no permiten que nadie se lo lleve. Martín llegó a tener una gallina y pollitos, pero se los robaron.
Una presencia que acompaña
La comunidad no intenta domesticarlo del todo. Martín camina libre, se resguarda solo cuando llueve y al caer la tarde vuelve a subir a su árbol para dormir. Para quienes pasan horas en consultas y tratamientos, se ha convertido en una presencia constante, casi un vecino más en la entrada del hospital.
Su historia, como la de Hachiko, toca algo que muchos reconocen: la lealtad que a veces encontramos donde menos la esperamos.
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Fuentes
Frank Schulenburg / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0) · source
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