Belleza y piel

7 mitos sobre el protector solar que casi todo el mundo cree

Que si en días nublados no hace falta, que si el SPF 100 protege el doble, que si la piel morena no se quema… Lo que dicen los dermatólogos.

Redacción Rincón H ·

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7 mitos sobre el protector solar que casi todo el mundo cree

El protector solar es uno de los gestos más sencillos para cuidar la piel, pero también uno de los que más mitos acumula. Muchos se aplican poco, tarde o solo en verano. Repasamos las creencias más comunes y lo que dicen las organizaciones de dermatología.

Mito 1: «Si está nublado, no hace falta»

Las nubes reducen la luz visible y el calor, pero buena parte de la radiación ultravioleta (UV) las atraviesa. Por eso hay quemaduras en días grises, sobre todo en la playa, en la nieve o en la montaña. La sensación de calor no indica cuánta radiación UV recibes: es la radiación infrarroja la que calienta, no la ultravioleta. Una buena referencia es el índice UV que publican muchos servicios meteorológicos: a partir de 3, se recomienda protegerse.

Mito 2: «Un SPF 100 protege el doble que un SPF 50»

El factor de protección solar (SPF o FPS) mide sobre todo la protección frente a la radiación UVB, la principal responsable de las quemaduras. Pero la escala no es lineal. Según las cifras que suelen dar los dermatólogos, un SPF 15 filtra alrededor del 93 % de la radiación UVB, un SPF 30 en torno al 97 % y un SPF 50 cerca del 98 %. Ningún protector bloquea el 100 %.

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La Academia Estadounidense de Dermatología recomienda un protector de amplio espectro (que proteja también frente a UVA), con SPF 30 o más y resistente al agua. Más importante que perseguir un número altísimo es aplicar suficiente cantidad y renovarlo.

Mito 3: «Con una capa por la mañana basta para todo el día»

El protector se va perdiendo con el sudor, el agua, el roce de la ropa o la toalla. La recomendación general es volver a aplicarlo cada dos horas cuando estás al sol, y siempre después de nadar o sudar mucho. Los productos «resistentes al agua» no son impermeables: en Estados Unidos, por ejemplo, deben indicar si mantienen su eficacia 40 u 80 minutos en el agua.

Otro problema habitual es la cantidad. La mayoría de la gente usa mucho menos de lo necesario. Para cubrir el cuerpo de un adulto se suele recomendar alrededor de 30 mililitros, el equivalente a un vaso de chupito. Con menos, la protección real es menor que la que indica el envase.

Mito 4: «La piel morena u oscura no se quema»

Las pieles con más melanina tienen más protección natural y se queman con menos facilidad, pero no son inmunes. También pueden quemarse, sufrir manchas y desarrollar cáncer de piel. En personas de piel oscura, el cáncer de piel a veces se detecta más tarde, en parte porque se cree que no ocurre. Los dermatólogos recomiendan protegerse a todo el mundo, sea cual sea su tono de piel.

Mito 5: «Un bronceado previo protege»

El bronceado es una respuesta de la piel al daño de la radiación UV: produce más melanina para defenderse. Esa «base» ofrece una protección muy pequeña, muy lejos de la de un protector solar, y el daño que la provocó ya está hecho. No existe un bronceado saludable que sirva de escudo.

Mito 6: «Usar protector solar provoca falta de vitamina D»

La piel fabrica vitamina D con la radiación UVB, y en teoría el protector reduce ese proceso. Sin embargo, en la práctica, los estudios no han mostrado que el uso habitual de protector cause deficiencia de vitamina D en la población general, entre otras cosas porque casi nadie se lo aplica de forma perfecta. La vitamina D también se obtiene de la alimentación y, si hace falta, de suplementos indicados por un médico. No es una buena razón para exponerse al sol sin protección.

Mito 7: «Dentro de casa o del coche no hace falta»

El vidrio común filtra la mayor parte de la radiación UVB, pero deja pasar buena parte de la UVA, que penetra más profundamente en la piel y contribuye al envejecimiento y al daño cutáneo. Si pasas muchas horas junto a una ventana o conduces a diario, puede valer la pena protegerte también.

Bonus: el protector no es la única defensa

El protector solar funciona mejor como parte de un conjunto de medidas:

  • Buscar la sombra en las horas centrales del día, cuando la radiación es más intensa.
  • Usar ropa que cubra, sombrero de ala ancha y gafas de sol con filtro UV.
  • Evitar las camas de bronceado.
  • Proteger especialmente a los niños. A los bebés menores de seis meses se recomienda mantenerlos fuera del sol directo, con sombra y ropa, más que con protector.

Revisa también la fecha de caducidad: un protector caducado o guardado mucho tiempo al calor puede perder eficacia.

En resumen

El mejor protector solar es el que usas bien: amplio espectro, SPF 30 o más, cantidad suficiente y reaplicación cada dos horas. Y si notas un lunar que cambia de tamaño, forma o color, o una herida que no cura, consulta a un dermatólogo.

Tony Alter / Wikimedia Commons (CC BY 2.0) · source

Contenido informativo. No sustituye la consulta con un profesional de la salud. Aviso médico

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