Animales

El ajolote: el anfibio mexicano que regenera patas, corazón y parte del cerebro

Vive solo en los canales de Xochimilco, nunca deja de parecer una larva y puede reconstruir partes de su cuerpo. También está en peligro crítico.

Redacción Rincón H ·

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El ajolote: el anfibio mexicano que regenera patas, corazón y parte del cerebro

Tiene una sonrisa permanente, branquias que parecen plumas a los lados de la cabeza y una fama mundial que va de los videojuegos a los peluches. El ajolote se ha convertido en una estrella de las redes sociales, pero detrás de su cara simpática hay uno de los animales más estudiados por la biología moderna y, al mismo tiempo, uno de los más amenazados de México.

Un anfibio que nunca «crece»

El ajolote (Ambystoma mexicanum) no es un pez, aunque viva siempre en el agua. Es un anfibio, pariente de las salamandras. Lo que lo hace especial es un fenómeno llamado neotenia: alcanza la madurez sexual y se reproduce sin abandonar su aspecto de larva. Conserva toda la vida las branquias externas, la cola aplanada y la vida acuática, mientras que la mayoría de las salamandras se transforman y salen a tierra firme.

En condiciones muy particulares, por ejemplo con tratamientos hormonales en el laboratorio, un ajolote puede llegar a metamorfosearse, pero es raro y suele acortar su vida. En la naturaleza, se queda tal como lo conocemos.

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El campeón de la regeneración

La razón por la que laboratorios de todo el mundo crían ajolotes es su asombrosa capacidad de regenerarse. Si pierde una pata, le vuelve a crecer una nueva, con huesos, músculos, nervios y piel en su sitio, y sin la cicatriz que dejaríamos los humanos. Puede reparar también la cola, partes de la médula espinal, tejido del corazón, de los ojos y algunas zonas del cerebro.

Cuando sufre una amputación, las células cercanas a la herida forman una estructura llamada blastema, una especie de reserva de células capaces de reconstruir lo que falta. Entender cómo lo consigue podría ayudar algún día a mejorar la cicatrización o la reparación de tejidos en personas, aunque los científicos insisten en que todavía estamos lejos de aplicaciones médicas directas.

Otro dato curioso: su genoma es enorme. Cuando se secuenció en 2018, los investigadores calcularon que tiene unos 32.000 millones de pares de bases, aproximadamente diez veces más que el genoma humano. Gran parte de ese tamaño se debe a secuencias repetidas.

Solo vive en un lugar del mundo

En estado silvestre, el ajolote es endémico del sistema de lagos de la cuenca de México. Hoy sobrevive prácticamente solo en los canales de Xochimilco y en algunas zonas cercanas, al sur de la Ciudad de México. Su nombre viene del náhuatl y se relaciona con Xólotl, el dios mexica asociado al fuego y a las transformaciones. Según la leyenda, Xólotl se convirtió en ajolote para escapar de la muerte.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo clasifica como especie en peligro crítico. Los muestreos realizados por investigadores de la UNAM mostraron un desplome dramático: de unos 6.000 ejemplares por kilómetro cuadrado a finales de los años noventa a apenas unas decenas a mediados de la década de 2010.

Qué lo está acabando

Las causas son varias y se suman. La urbanización ha reducido y fragmentado su hábitat. El agua de los canales recibe aguas residuales y escurrimientos agrícolas. Además, se introdujeron peces como la tilapia y la carpa, que compiten por el alimento y se comen los huevos y las crías de ajolote.

Paradójicamente, el ajolote es muy abundante en acuarios y laboratorios. Los ejemplares rosados, que se han vuelto tan populares, son en su mayoría variedades de cautiverio. En la naturaleza, los ajolotes suelen ser de color oscuro, entre marrón y verde oliva, con manchas, lo que les ayuda a camuflarse en el fondo de los canales.

Proyectos para salvarlo

Una de las iniciativas más conocidas trabaja con los chinamperos, los agricultores que cultivan en las chinampas, islas artificiales de origen prehispánico. El proyecto propone crear «refugios» en los canales que rodean las parcelas, con filtros naturales que mejoran la calidad del agua y barreras que impiden el paso de peces invasores. A cambio, los productores pueden vender sus cosechas con un sello que reconoce prácticas amigables con el ajolote.

El animal también se ha convertido en símbolo nacional. Desde 2021, el billete de 50 pesos del Banco de México muestra un ajolote junto a paisajes de Xochimilco, y en la Ciudad de México existen museos y espacios dedicados a explicar su biología y su conservación.

¿Se puede tener uno en casa?

En muchos países es legal tener ajolotes criados en cautividad, pero no es una mascota sencilla. Necesitan agua fría, limpia y sin corrientes fuertes, filtros adecuados y alimentación específica. Nunca deben capturarse ejemplares silvestres ni liberarse ajolotes de acuario en ríos o lagos, porque pueden transmitir enfermedades o alterar ecosistemas. Si quieres ayudar de verdad, la mejor opción es apoyar proyectos de conservación y turismo responsable en Xochimilco.

Vassil / Wikimedia Commons (CC0) · source

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